Las lecciones del profesor Borrell



Al filo de los días 
José Borrell 
Cauce Editorial. Madrid, 1998 
 
    Una de las facetas menos tenidas en cuenta de José Borrell es su capacidad didáctica, condición básica de un buen profesor. Curiosamente, en el curriculum vitae que suelen ofrecer los medios de comunicación, se menciona siempre su condición de ingeniero aeronáutico y solo en contadas ocasiones la de catedrático de universidad. Quiero creer que una gran parte de su éxito político se debe precisamente a la condición de catedrático de matemáticas, que se trasluce en la sistemática, el rigor y la inteligibilidad de sus mensajes. 

  Su libro Al filo de los días reúne un conjunto de lecciones sobre temas tan diversos que discurren de Chile a China, pasando por sus preocupaciones presupuestarias nacionales (donde proliferan los incorrectos déficits, en plural) y una reflexión sobre las perspectivas políticas de la sociedad de la información. Y me refiero a lecciones, por que es el tono dominante, ex cáthedra, de sus intervenciones que me recuerda a los editoriales de este periódico: Independiente, habitualmente riguroso (salvo cuando interviene la ideología) y con tendencia a un escaso resquicio a la duda. Su afán didáctico le lleva a explicar a Rodrigo Rato la diferencia entre endeudamiento y déficit (pág. 175). 

    La lectura del Al filo de los días ofrece la posibilidad de reconocer a un José Borrell distinto al que nos suelen presentar sus adversarios políticos y algunos de sus compañeros de partido: no demasiado respetuoso con el derecho, jacobino, radical y agresivo. De hecho, cuando se refiere a la oposición, lo hace sin agredirla, con razonamientos, sin exabruptos y corrección. La menciona como derecha conservadora.  No cae en el exceso de referirse a la derecha reaccionaria que emplean algunos miembros de su partido que, sin embargo, son considerados como personas moderadas. Afirma, por ejemplo, que en Izquierda Unida, "predominan actitudes que nunca me han parecido representativas de la izquierda" (pág. 120); concibe la democracia como "la voluntad común de decidir pacíficamente sobre nuestro destino colectivo en el marco de un Estado de Derecho" (pág. 128) y llega incluso a señalar, refiriéndose a la nueva sociedad de la información "permitirá hacer realidad ese principio esencial, pero vacío de contenido, según el cual nadie puede ignorar la ley" (pág. 197). Resulta tranquilizador, en los tiempos que corren, que un político con el futuro que ahora se abre a José Borrell, se comprometa por escrito con una declaración de principios tan transcendental. 

    Son destacables algunos puntos de vista de José Borrell: Su preocupación por que Europa tenga "al empleo como eje central de su construcción y no la abandone a decisiones técnicas de autoridades monetarias independientes" (pág.  121); su reproche al "fundamentalismo ecologista" y la defensa de los pantanos que permita regular la fuerza del agua y las catástrofes que produce "lo que no siempre es posible hacerlo sin afectar a los paisajes, como reclaman, desde el esteticismo de su torre de marfil, los que pretenden tenerlo todo a la vez" (pág. 158). 

    Menos destacable me parece su reticencia a la economía de mercado, plasmada en su dramática versión de la economía chilena o su afirmación de que "el precio de una acción cotizada en el mercado depende de la cantidad de dinero dispuesta a comprarla. Si hay mucho, su precio sube" (pág. 146). La reciente lectura del Economics de Samuelson, comparando la evolución del contenido de su 16ª edición  y la 1ª de 1948 (recientemente republicada, en su 50º aniversario) me hace pensar -y desear- que José Borrell avance, mejorando su opinión  sobre temas como los citados, a los que la preconcepción ideológica resta un recto entendimiento. 

 Un ministro del gobierno de la UCD, que ya no está entre nosotros, dijo, en 1982, en uno de sus últimos consejos de ministros "es que esto va de votos, si fuera de oposiciones, barreríamos". Borrell ha barrido con los votos, pero también barrería si fuera de oposiciones. Con el nuevo candidato, la política nacional se revalúa con la posibilidad de un presidente de gobierno de condiciones intelectuales y experiencias previas, en la administración pública, superiores a las de cualquiera de los presidentes anteriores. 

  La lectura de Al filo de los días es una buena ocasión para conocer el pensamiento (expresado por escrito, con el grado de compromiso que ello implica) del candidato a presidente de gobierno del principal partido de la oposición. Fue Felipe González quien dijo que Borrell tenía una cabeza muy bien amueblada. Estoy de acuerdo, pero con muebles que no son de pino, sino de roble.  
 

( EL PAÍS, 2 de Mayo 1998, pág. 15 )