Digitalismo. Una nueva cultura.
José B. Terceiro

(Conferencia pronunciada en la International School of Theory in the Humanities y publicada en la revista CLAVES, nº 98, diciembre 1999)


 

Me propongo ofrecer una aportación original aunque incluya argumentos de otros autores. No intento descubrir mediterráneos. La originalidad no consiste tanto en ser diferente como en entender el original, sus raíces y sus efectos. Se trata, por tanto, de entender lo que está pasando, porqué y las consecuencias sociales de una nueva cultura que muy bien podríamos denominar digitalismo: La generalización del uso de las TIC (Tecnologías de Información y Comunicaciones) que, lejos de ser un simple tic, ya se han implantado en una amplia gama de facetas de la actividad humana. Procederemos, en primer lugar, a la conceptualización del digitalismo, como una nueva forma de cultura que impregna los distintos ámbitos sociales de la actividad humana, completada con unos destellos acerca del ordenador como herramienta intelectual, la taxonomía de las características del digitalismo y las nuevas posibilidades del texto digital.

Digitalismo o cultura digital, entendida como cultura instrumental. Es decir una cierta unidad pragmática derivada del hecho de formar parte del repertorio de conocimientos que un individuo debe poseer a efectos de su adaptación a la sociedad planetaria. Un tipo de cultura constituida por la participación en los contenidos sociales y objetivos a título de instrumentos preparatorios de los individuos en su proceso de adaptación y control de su entorno cultural
[1]. En definitiva, un tipo de cultura que ha venido a sustituir a la cultura general requerida a principios del siglo XX.

La cultura, la ciencia y la tecnología se funden a través de líneas de contacto y apoyo, por lo que no podemos entender cada una de ellas como distintivamente anterior, primordial o fundamental con relación a cualquiera de las otras. Las tecnologías han explicitado que las fronteras culturales son permeables. De ahí que los estudios culturales sean transgresivos e intervencionistas, no disciplinarios y compartimentados, ya que recortan espacios en las disciplinas existentes, no para aislar sino para conectar. Conexión entre las ideas contagiosas que forman la cultura en la que las representaciones son fundamentales.

Las creencias, las intenciones y las preferencias son representaciones mentales. Los textos, las señales y las imágenes son representaciones públicas. Las relaciones entre ambos tipos de representaciones (mentales y públicas) y su propagación en un determinado contexto propicia el análisis de su epidemiología, ya que cada representación mental proviene de la interpretación de una representación pública que, a su vez, es la expresión de una representación mental
[2]. Por eso el papel de los estudios culturales es estar fuera de lugar, estando su metodología condenada a una continua heterogeneidad.

Una determinada cultura consiste en un conjunto de significados expresados en símbolos. Concepciones, expresadas en forma simbólica, y a través de las que las personas se comunican, perpetúan y desarrollan su conocimiento y actitudes ante la vida. En definitiva, asunciones compartidas
[3] : Un conjunto de prácticas, relaciones de autoridad, instituciones, hábitos, tradiciones, valores y actitudes [4]. Aspectos, todos ellos, que cambian bajo el impacto de la tecnología: Un invento que emerge de un marco cultural determinado y que, a su vez, crea una nueva cultura.

La tecnología involucra a los seres humanos y a la naturaleza, por lo que a un sujeto no se le puede definir simplemente como ser humano individual, aun por mucho que creamos en el poder de la iniciativa individual y la importancia de la responsabilidad personal. El hombre aprende de sí mismo (y no caeré en la cursilada de decir el hombre y la mujer) pero alcanza todo su potencial humano a través de la interacción con otros hombres. El hombre, como las gotas de lluvia que al caer saltan en distintas direcciones, acaba fluyendo conjuntamente al mar de la sociedad [5]. Ser sujeto es ser natural-cultural-tecnológico. Ser un animal social es ser tecnosocial [6]. De ahí que, siempre que nos refiramos a lo cultural, nos estemos refiriendo a lo social. En este sentido son términos intercambiables.

La tecnología refleja los planes, propósitos y ambiciones de algunas personas, instituciones o clases. Lo que implica incorporación de determinados valores. Recordemos que Goethe calificó a la arquitectura como música petrificada. Pensemos como las iglesias del Renacimiento expresaban la fría racionalidad de una era humanística, que tiene como respuesta las iglesias de la Contra-Reforma que incorporan motivos arquitectónicos dirigidos directamente a la pasión y el misterio. O actualmente, en plena retórica de sublimación tecnológica, como ha señalado Charles Sheeler, famoso por sus cuadros de la industria americana, "las fábricas son nuestros sustitutos de la expresión religiosa". No en vano podemos considerar a los Estados Unidos como la fuente de esta tecnoescatología. [7]

Cultura, dentro de la que Snow, ya hace cuatro décadas, analizó las pertenecientes a dos ámbitos: Los intelectuales literarios y los científicos, a cuya incomprensión mutua y dicotomía, Snow, atribuyó el retraso de la aplicación de la tecnología a los problemas del mundo. Dicotomía, procede recordarlo, establecida a pesar de los recelos que al propio Snow le provoca el número dos cuando puntualiza: "Número terrible, por eso la dialéctica es un proceso muy peligroso" [8]. Dicotomía escenificada por la constatación de preguntar a personas, consideradas cultas, si sabían en que consistía la segunda ley de la termodinámica (el equivalente a preguntarles sí habían leído alguna obra de Shakespeare) o por las nociones de masa o aceleración (equivalente a preguntarles sí sabían leer). Snow señala que una gran mayoría de esas personas no podían contestar a esas preguntas. Llega incluso a calificarlos de luditas por antonomasia (natural luddites en el original). Dura etiqueta, la de ludita, el nombre de las bandas organizadas de artesanos tejedores ingleses que, a partir de 1811, en los comienzos de la revolución Industrial, lucharon en Nottingham destrozando los nuevos telares que los desplazaban de sus puestos de trabajo.

Y con esto no quiero poner en un altar a los científicos a los que, como poco, se puede reprochar también cierta heterogeneidad metodológica y falta de criterio práctico. La diferencia entre un matemático, un físico y un ingeniero que viajan en tren por Escocia cuando ven a una oveja en el campo que se mueve en la misma dirección del tren. Dice el ingeniero: Mirad, las ovejas en Escocia son negras. No, le contesta el físico, los ingenieros no tenéis remedio, con la información que tenemos, todo lo que podemos asegurar es que, como mínimo, una oveja escocesa es negra. No, replica el matemático, arrellanado en su asiento: Solo podemos asegurar que una oveja en Escocia es negra, como mínimo, por el lado que la hemos visto.

Como no creo que haya matemáticos entre el auditorio (y en caso de que los haya, espero que tengan sentido del humor) podemos completar la anécdota con la de aquellos dos meteorólogos que van en un globo perdidos entre nubes y deciden bajar para averiguar donde están. Cuando descienden, divisan a un hombre en una colina fumando en pipa. Le gritan ¡Donde estamos! El hombre reflexiona un rato y les dice: En un globo. Debe ser un matemático, le dice un meteorólogo a otro. ¿Cómo lo sabes? Por tres razones: 1ª. Pensó cuidadosamente la respuesta; 2ª. Lo que nos dijo es rigurosamente cierto y 3ª No nos sirve absolutamente para nada.

Pero, y ahora en serio, lo cierto es que todavía hoy se escuchan desde el mundo del humanismo críticas realizadas sobre la base de la creación de antiobjetos (formas devaluadas del objeto, para facilitar su crítica) procediendo a un tipo de crítica principista y genérica, desde el desconocimiento de las herramientas, software y hardware, que se inventan y rediseñan sin cesar. Escritores que, intrépidamente, se refieren de forma peyorativa a las novelas de ordenador, mientras siguen aferrados a un artilugio tan ruidoso, tosco, falto de romanticismo y poco funcional, como es una vieja máquina de escribir mecánica. En el fondo, esclavos de una tecnología obsoleta que insisten en el viejo mito de la separación entre cultura y tecnología y se atribuyen, en exclusiva, la condición de intelectuales como si no hubiera otros. Da la impresión de que se han quedado anclados en las postrimerías del siglo XIX cuando esa condición (me refiero a la de intelectual) se sustantivó, en afortunada expresión de Santos Juliá. [10]

Cuando James Joyce publica su Ulises en 1922, revoluciona la idea de cómo podía ser una novela. ¿Fue Joyce muy diferente de Gutenberg? No se percibió en su momento, pero Joyce fue un técnico altamente cualificado en su diseño de un libromáquina, haciéndole hacer cosas nunca hechas por los libros anteriores. Sus contemporáneos lo vieron como un artista, pero hoy podemos considerarlo un programador que escribió un programa para una plataforma de imprenta. Joyce escribió software para un hardware inventado por Gutenberg.

Veámoslo desde otro ángulo. La remodelación de Gutenberg de la tecnología del manuscrito, de las plumas de ave y los escribanos, fue un acto creativo tan profundo como el monólogo final de Molly Bloom en Ulises. Las dos innovaciones surgen de un impresionante salto imaginativo, y las dos han cambiado la forma en que vemos el mundo. Gutenberg construye una máquina que Joyce mejora con una programación imaginativa. Joyce publica una variación del tema originalmente escrito por Gutenberg. Los dos fueron artistas. Los dos fueron ingenieros. Tan solo los cuatrocientos años que los separan hacen su profesión compartida como algo no percibido. [11]

Ted Nelson, guru del hipertexto, llama a los ordenadores máquinas literarias. Y es acertado, porque la relación gobernada por el software (interacción entre el usuario y el ordenador) es una relación semántica, es decir de significados y significantes. La revolución tecnológica está en la idea del ordenador (y las redes por las que se comunica) como un sistema simbólico. Un mecanismo por el que transitan representaciones o signos. También lo hace la imprenta o el cine pero con una diferencia crucial: manejan representaciones y signos como productos finales, como resultados. El ordenador, además, a diferencia de otros electrodomésticos, como una lavadora o un tostador de pan, ingiere el producto de sus propios esfuerzos. No podemos convertir tostadas en instrucciones para hacer pan, ni camisas limpias en instrucciones para lavar cortinas. En el ordenador un programa produce otro, que, a su vez, puede producir un tercero y así sucesivamente.

El ordenador implica un sistema simbólico desde el principio: Los impulsos eléctricos son tratados como significantes con significados diferentes (ceros y unos) que componen simples operaciones matemáticas que, a su vez, representan palabras o imágenes, hojas de cálculo o mensajes de correo electrónico. Utiliza un lenguaje. Y puede entenderse que para muchos la frase lenguaje de ordenador sea tan contradictoria como las de inteligencia militar o político altruista. [12] Pero es así. El ordenador, a través de su lenguaje, sé autorrepresenta. Es una máquina que, por primera vez, no se concibe como una prótesis, como un complemento al cuerpo humano, sino como un espacio a ser explorado, a ser habitado. La revolución industrial nos trajo extremidades protésicas, híbridos de hombre-torpedo, pero la sociedad digital nos ofrece la primera máquina en la que vale la pena vivir. [13]

Pero, cuarenta años después del duro alegato de Snow [14] el digitalismo implica, entre otras cosas, el traslado desde una cultura modernista del cálculo, a una cultura posmoderna de la simulación [15]. Lo equivalente al ejercicio íntimo de la imaginación o la fantasía. El juego trasladado al universo interior. El ejercicio del comportamiento exploratorio y lúdico en la intimidad. [16] La imagen del ordenador como una calculadora gigantesca resulta hoy pintoresca y desfasada. La enseñanza actual de la informática tiene menos que ver con el cálculo y mucho más con la simulación, la navegación y la interacción. Han cambiado los valores. Hemos pasado de creer que los ordenadores proyectan y amplían nuestro intelecto, a que también amplían nuestra presencia física, como en la videoconferencia o el ciber-sexo. Actividad, esta última, que confirma lo que todavía no nos acabamos de creer del todo: El 90% del sexo tiene lugar en la mente.

Una actividad claramente ajena al cálculo son los MUDS (Multi-User Domains, Dominios para Múltiples Usuarios) que nos permiten acceder a espacios virtuales en los que podemos navegar, conversar y construir. Su anonimato (Ingeniosamente representado por una ilustración de la revista New Yorker, en que se ve un perro, con una pata en el teclado de un ordenador, diciendo a otro: "En Internet nadie sabe que eres un perro"). Anonimato que permite a la gente, expresar aspectos múltiples y a menudo inexplorados del yo, jugar con su identidad y explorar identidades nuevas. Los feos, gordos, viejos o discapacitados podrán competir con los agraciados y los jóvenes en pie de igualdad gracias, precisamente, al anonimato.

El digitalismo nos ha traído un nuevo medio. El mercado de la información entendido como el conjunto de personas, ordenadores, comunicaciones, software y servicios que intervienen en las transacciones de información. [17] No en vano algunos autores han identificado el concepto de cultura con el de información. Podemos agrupar sus principales características en el siguiente decálogo sin:

Sinarquía. Gobierno constituido por diferentes poderes, cada uno de los cuales administra una pequeña parte. Internet, que no es un medio ni público ni privado, tiene sus responsabilidades fragmentadas, como un sistema político completamente descentralizado. Es local pero, al mismo tiempo de alcance global. A diferencia de otros medios de comunicación, Internet, no puede ser controlado por quienes tienen el poder o el dinero. [18] Su diseño inicial responde, precisamente, a la condición de que nadie pueda interceptar un mensaje.
Síncope. El acortamiento de las palabras por supresión de letras y la proliferación de acrónimos.
Sincretismo. La reconciliación de diferentes filosofías y culturas. Un ámbito al que concurren individuos que aportan, no solo la visión de sus respectivas culturas, sino también de las generaciones, profesiones, clases sociales y religiones a las que pertenecen.
Sincronía. La capacidad de impacto concurrente en un sinnúmero de usuarios en todo el mundo. Sincronía compatible con la diacronía que supone el almacenamiento de información y mensajes que pueden ser consultados en cualquier momento. En este sentido el correo electrónico cumple con su cometido mejor que el teléfono cuando se trata de comunicar entre zonas geográficas de muy diferente huso horario.
Sindicación. Combinación de personas o instituciones con intereses comunes.
Sinergia. Beneficio obtenido por una combinación de factores, superior al originado por la suma de las partes individuales.
Sinestesia. Sensación producida en una parte del cuerpo por un estímulo aplicado en otra parte del mismo. La lectura de la pantalla altera las células de la retina y se convierte en una emisión de iones a lo largo del nervio óptico que encamina la información al cerebro donde se estructura y organiza y se procede a ejercicios de simulación. [19]
Singularidad. Distinción de lo común. Personalización que equivale a expresarnos y ser entendidos como individuo. Anonimato que supone no ser nadie (no alguien diferente, sino nadie en particular)
Sinnúmero. Número incalculable de personas o cosas. Las últimas estimaciones de número de usuarios de Internet se elevan a 150 millones. No siendo lo más relevante la cifra absoluta sino su espectacular ritmo de crecimiento. Es igualmente significativa su distribución mundial: USA y Canadá, 60%; Europa, 25%; Asia, 15%; América del Sur, 5% y Africa, 0,6%.
Síntesis. La capacidad de unir y combinar tecnologías. El ordenador, las líneas telefónicas, los satélites, la tecnología multimedia, la realidad virtual o las pantallas de cristal líquido.

Como los diez mandamientos, también estas características, se resumen en dos: Sinarquía y Sinnúmero.


Digitalismo que supone, no solo un espacio de simulación o de trabajo soportado por ordenadores, sino también un espacio de comunicación, un libre mercado de intercambio simbólico, un ámbito social, caracterizado por un alto grado de interactividad. Es decir, simultánea actividad por parte de dos o más participantes que desarrollan un mutuo discurso. Interactividad que constituye una estructura común, en torno a la que se agrupa un conjunto de personas que participan en esta nueva área cultural. [20]

El digitalismo ofrece al ciudadano normal un enorme apalancamiento [21] a un coste relativamente bajo. Y ese apalancamiento, en el plano intelectual, social, comercial y político debe ser usado, inteligente y deliberadamente, por una ciudadanía informada que, con el uso de las posibilidades multimedia, está cambiando su forma de pensar. [22] Algún autor ha llegado a afirmar que el impacto intelectual será mayor que cualquier otro desde el Renacimiento y posiblemente desde la invención del lenguaje. [23] Esta nueva forma de pensar aproximará, inevitablemente, los aspectos humanistas y los aspectos tecnológicos que, durante siglos, han estado artificialmente separados. Separación que redunda en perjuicio de la naturaleza humana y nos impide enfrentarnos a la mayor complejidad del mundo que nos rodea, por no hablar ya de sacarle el mejor partido. [24]

Consideraremos normal y, desde luego, sería deseable, que un biólogo español comente - a través del correo electrónico - con su novia japonesa, ingeniera informática, la obra del último premio Nobel de literatura hispanoamericano. Mientras tanto, todavía es importante la digitofobia que afecta a más de la mitad de los usuarios de ordenadores personales que se sienten desbordados por la información, preocupados por aprender la nueva tecnología con la angustia de no ser ascendidos en sus puestos de trabajo. Se ha detectado ya el síndrome de la ansiedad informativa [25] caracterizado por:

1. Sensación de culpabilidad por la cantidad de publicaciones que no hemos podido leer.
2. Depresión provocada por que no sabemos para que sirven algunos botones del grabador de vídeo.
3. Creer que tus amigos entienden todo lo que tú no entiendes.
4. Reaccionar emocionalmente a información que no se entiende, como no saber que es el Dow Jones, y sentir pánico cuando oímos que ha caído 500 puntos.

La tecnología ya está ahí, generalizada y a precios cada vez más baratos. Lo que no está, y mucho menos generalizado, son los willing users (usuarios deseosos). Son muy pocos entre la población mayor de cuarenta años. Y entre estos abundan los que no son capaces de usar las funciones más elementales de un ordenador personal. Las anécdotas abundan. El cliente que se queja al vendedor de que, por mucho que aprieta el pedal, el ordenador no se enciende. Evidentemente, este usuario deseoso había desplazado el ratón desde la mesa al suelo donde lo pateaba infructuosamente.

El otro usuario que llama al servicio de asistencia técnica para advertir que, al instalar un programa, introdujo el primer disquete sin dificultad, le costó un poco más introducir el segundo disquete, pero, a pesar de su esfuerzo, no pudo introducir el tercero (claro equívoco entre las nociones de sucesión y simultaneidad). El jefe que dice a una secretaria: copie este disco y le trae una fotocopia. O el que ante la instrucción en pantalla: inserte el disco y cierre la puerta, lo inserta, se levanta y cierra la puerta del despacho.

Pero no todos son aspectos negativos. El uso de la tecnología digital ofrece dos interesantes sensaciones: La inmersión y la mediación. En primer lugar, la inmersión como grata experiencia de zambullirse en un lugar simulado, con independencia de su contenido. Como cuando nos sumergimos en el mar. La sensación de estar rodeados por otra realidad tan distinta como es el aire y el agua. La gratificación que implica salirse del mundo habitual aprendiendo a moverse en el nuevo. En segundo lugar, la mediación como sentimiento de satisfacción producido por el resultado de nuestras acciones, decisiones y elecciones. La sensación de bailar, con la diferencia de que, en este caso, tan solo podemos influir en nuestra pareja, no pudiendo hacerlo sobre las demás o sobre la orquesta. [26] Con el ordenador bailamos, pero también influimos en las otras parejas y, además, dirigimos la orquesta. Más allá de pulsar los botones del ratón de un ordenador, podemos ejercer una serie de acciones autónomas, seleccionadas entre un amplio abanico de posibilidades, que determinan los resultados a obtener: La mediación como sentimiento más allá de la participación y la actividad.

La interconexión de ordenadores brinda la posibilidad de utilización práctica de conceptos como la inteligencia colectiva basada en el principio de que todo el mundo sabe algo, como señala Lèvy. No se trata de la fusión de las inteligencias individuales, sino de la valoración de las particularidades de cada uno, de tal forma que todos consigamos una mejor comprensión de nuestra ubicación en el espacio de los saberes de la colectividad en la que participamos y podamos elaborar, con conocimiento de causa, nuestras propias estrategias de aprendizaje. Se trata de desarrollar y mantener una cultura del aprendizaje. Pasar del modelo de pensamiento cartesiano basado en la individual idea de cogito (pienso) a la colectiva de cogitamus (pensamos). El ordenador es el instrumento que hace posible esa utópica idea. [27]

Nos trasladamos a una velocidad vertiginosa, desde la tranquilizadora edad del hardware hacia la desconcertante y espectral edad del software, en la que el mundo que nos rodea está cada vez más controlado por circuitos demasiado pequeños para ser vistos y códigos demasiado complejos para ser completamente entendidos. [28] Y este viaje lo hacemos a una gran velocidad, velocidad de escape (aquella a la que un cuerpo vence la atracción gravitatoria de otro, por ejemplo una nave espacial cuando abandona la tierra) y que da precisamente título a la obra de Dery. Velocidad reducida tan solo por una característica humana: La dificultad que tenemos para actualizar nuestros conocimientos debido, precisamente, a que nos cuesta mucho trabajo olvidar lo que sabemos. Es esta dificultad de actualización de conocimientos la base de la resistencia que muchas personas tienen a entender el arte, la salud, la literatura o la política, como mera información. [29] La dificultad que supone la adopción de todo nuevo paradigma a la que se refirió Thomas Khun en su libro, ya clásico, La estructura de las revoluciones científicas. Dificultad marcada por la necesidad de su comprensión histórica, si queremos desentrañar su sentido último que nos aclara la conexión de los paradigmas con el conjunto de la ideología o cultura de la sociedad.

Debemos añadir, al ritmo vertiginoso y a la crítica inconsistente, el panorama de los digital homeless (los sin hogar digital), en expresión afortunada de NN. Sin hogar digital, aquellos que, por prisas o por falta de tiempo, de información o de curiosidad intelectual, no han reparado en las nuevas posibilidades y que son todavía legión, por lo que la sociedad se encuentra bajo el control de analfabetos digitales cuya atención tenemos que captar. Lo que me recuerda a dos paisanos de los que uno está intentando hacer salir a una mula de su cuadra sin lograr que la mula se moviera ni un milímetro. El otro paisano le dice: Déjame a mí. Coge una gruesa estaca y le arrea, con toda su fuerza, un estacazo a la mula en la cabeza. La mula sale despavorida de la cuadra. El de la estaca le dice al otro: La mula siempre hará lo que le digas pero, primero, tienes que captar su atención.

Negroponte, que habla del futuro, como si ya hubiera estado allí, advierte que una gran mayoría de las personas que hoy dirigen las empresas y los gobiernos no entienden para nada el mundo digital. Propone, también, que los niños enseñen a sus padres, desde el uso del correo electrónico y la transmisión de archivos, a la navegación por la Red. Un mundo al revés: Dirigentes analfabetos y niños que enseñan a sus padres. El nuevo papel de la lap generation analizado por Don Tapscot en su penúltimo libro. Una modalidad de estaca civilizada, familiar y no invasiva, para captar la atención de los analfabetos digitales.

La generación, procesamiento, transmisión y recepción de información descansa sobre cinco pilares : [30]

1. Para representar la información se utilizan números.
2. Estos números se representan como unos y ceros.
3. Los ordenadores transforman la información mediante operaciones aritméticas con esos números.
4. Los sistemas de comunicación mueven la información moviendo esos números.
5. Los ordenadores y los sistemas de comunicación se combinan para formar redes informáticas que son la base del mercado de la información.

Información objeto de mercado pero que no es un objeto neutro que se descubre y se cuenta, sino que tiene una determinada forma e intención decidida por su creador. Siendo el creador de la información quien decide cuanta información debe haber, si es que alguna. Estos cinco pilares constituyen las pautas de utilización del lenguaje más hablado del mundo, por encima del chino o el inglés: El lenguaje digital. Un nuevo espacio de información que supone el movimiento global de ingrávidos bits a la velocidad de la luz. Un nuevo soporte de la información frente al viejo: el papel.

El principal problema que el papel presenta como soporte de información, aparte del de su consumo y deforestación, es el de la difícil accesibilidad de la información que contiene. No debemos confundir el síntoma con la enfermedad: El síntoma es la exagerada cantidad de papel que consumimos, pero la enfermedad es que no somos capaces de manejar y acceder a la información que contiene la masa de papel que nos desborda. Nada, salvo nuestro provisional mal uso de la tecnología, avala la futura persistencia del papel como soporte principal de información. Esto no quiere decir que el papel vaya a desaparecer. Nos convertiremos en una sociedad "despapelada" como nos hemos convertido en una sociedad "descabalgada"; los caballos todavía se ven pero solo los montan las niñas pequeñas y unos cuantos aficionados.

Algunos de nuestros tecnorústicos escritores todavía no han entendido que dejaremos, como lectores, de estar maniatados a la linealidad del texto impreso, ya que la expresión de una idea puede incluir una red de indicadores a posteriores elaboraciones o argumentos que podrán ser invocados o ignorados. En esto consiste, precisamente, el hipertexto. Casi mágico para aquellos que les cuesta trabajo formar cuatro triángulos con seis cerillas y que son la mayoría.
La hipermedia supone cambiar de una dimensión a otra, sofisticar rudimentarias acciones multimedia que hace tiempo nos venían siendo familiares, como el discurso (dimensión acústica) que se traslada a su versión escrita (dimensión texto) que utiliza la puntuación como remedo de la entonación original. O el guión de una obra de teatro que incluye anotaciones de escena como indicaciones de un determinado matiz. Con los bits escribimos, no solo textos y conceptos, sino también imágenes y sonidos. Es un tipo de escritura, la digital, que hace realidad el sueño de Leibnitz, cuando, en una carta escrita al duque de Hannover en 1679, para interesarle en la financiación de su proyecto, le hablaba de un sistema de escritura que "pintase los pensamientos".
Seguiremos dependiendo del libro, pero a medida que los lectores capten las ventajas del hipertexto, el libro, hoy tanto herramienta del erudito, como producto acabado suyo, irá perdiendo su papel preponderante en la literatura y la investigación humanística que nunca han sido géneros para las masas. ¿En que medida la cultura del libro (algo ignorado por sus panegirístas más acríticos) fue elitista, y egocéntrica? [31]

Los escritores no deben sentirse amenazados por el hipertexto más de lo que se sintieron amenazados los autores de romances y los escritores venecianos de tragedias en latín, por la Divina Comedia y su texto en italiano. El hipertexto, última extensión de la escritura, plantea muchas cuestiones y problemas acerca de la cultura, el poder y el individuo, pero no es más ni menos natural que cualquier otra forma de escritura, la más prodigiosa y a la vez la más destructiva de todas las tecnologías. [32]

El digitalismo supone algo más que la generalización del uso del ordenador. El digitalismo supone un cambio cualitativo, cuyos efectos no son inmediatamente obvios, pero que implicará profundas alteraciones de los estilos de vida, las instituciones y la distribución de los recursos. No olvidemos que, hoy por hoy, mientras que, a los ricos, la información les cuesta muy poco, a los pobres les cuesta muchísimo. Ya sea un periódico o una llamada telefónica, siempre cuesta más en un lugar remoto de Africa que en los Campos Elíseos. Más en términos absolutos y muchísimo más en términos relativos, es decir en términos de las respectivas capacidades de compra.

Dado que conceptos como la distancia y la localización pierden su valor tradicional, se verá disminuido el papel de todas aquellas organizaciones que basan su actuación dentro de sus propias fronteras. Y esta pérdida de relevancia afectará a los políticos, los sindicatos, las profesiones reguladas y gobiernos. [33] El digitalismo afectará profundamente hasta el último rincón de nuestra vida personal y profesional, aunque no podamos hoy anticipar todas sus utilizaciones futuras. Sería tanto como si Alexander Graham Bell hubiera tenido claro que su invento llegaría al sexo telefónico, al fax o a los teléfonos celulares de los automóviles. Los automóviles todavía ni existían. [34]

Pero sí podemos anticipar que la tecnología será mucho más fácil de utilizar. Los ordenadores podrán escuchar y entender lo que se les dice, podrán hablarnos e, incluso, reconocer textos escritos, lo que provocará un renacimiento de la escritura manual. Estos avances, hoy ya en estado incipiente, provocarán la práctica desaparición de los teclados que solo serán utilizados por los Infocuarios, un club cuyos nostálgicos miembros utilizarán, para entretenerse, equipos obsoletos. Algunos extremistas usarán, para escribir, plumas de ave. [35]

Pero tampoco debemos embobarnos con las promesas de los programadores que nos ofrecen soluciones perfectas para todo. En realidad las realizaciones llegan más tarde de lo prometido o no llegan. Como le pasó a la señora que va al psiquiatra para consultarle que se ha casado tres veces y todavía permanece intacta. ¿Pero como? Le pregunta el psiquiatra. Le contesta la señora: Mi primer marido era muy espiritual y no estaba interesado, el segundo era muy viejo y murió la noche de bodas y el tercero era programador. Le pregunta el psiquiatra ¿Qué le pasó al programador? Que me decía continuamente lo bueno que iba a ser, pero no acababa de arrancarse.

El digitalismo, y ya termino, supondrá que la existencia humana se desarrolle en un entorno completamente distinto al que hemos conocido, porque afectará de forma sustantiva a la manera en que el hombre se enfrenta con la realidad, como la percibe, la codifica y la manipula. Esta diferente posición ante las cosas, no consistirá únicamente en una nueva manera de acceder y manejar la información, sino que supondrá también una forma enteramente original de organizar la vida, como consecuencia de las nuevas aplicaciones, fruto de la eficiencia incuestionable de los nuevos instrumentos. [36]

José B. Terceiro (joseb@terceiro.org) es catedrático de economía aplicada en la Universidad Complutense y autor del libro Sociedad Digital.


Notas


1 Bueno, 236 [77]
2 Sperber, 25-26 [17]
3 Whittle, 31 [8]
4 Tiles, 118 [107]
5 Miller, v [80]
6 Aronowitz, 40 [83]
7 Dery, 17 [10]
8 Snow, 19 [99]
9 Piscitelli, 154 [63]
10 Juliá, Claves. Oct 98.2
11 Johnson, 3 [5]
12 Rawlins, 45 [2]
13 Johnson, 25 [5]
14 El libro de Snow, The Two Cultures, se ha vuelto a publicar en Londres en 1996 (Cambridge University Press). En castellano ya hace veintidós años que, Javier Pradera, lo había publicado en la época dorada de Alianza Editorial.
15 Turkle, 28-29 [56]
16 París, 233 [76]
17 Dertouzos, 28 [55]
18 Fernández, 9 [109]
19 París, 218 [76]
20 Stone, 33 y 36 [22]
21 Incremento de la rentabilidad por encima de la que correspondería a los recursos propios.
22 Rheingold, 4 [25]
23 Bailey, 6 [43]
24 Dertouzos, 38 [55]
25 Wresch, 6 [59]
26 Murray, 128 [90]
27 Lèvy, xi [13]
28 Dery, 11 [10]
29 Coates and other, 51 [12]
30 Dertouzos, 405 [55]
31 Piscitelli, 141 [63]
32 Landow, 307 [95]
33 Davidson and Rees-Mogg, 207 [9]
34 Dertouzos, 42 [55]
35 Coates, 44 [12]
36 González Quirós, 66 [110]

Bibliografía




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